En la Capilla de Europa cada Lunes Santo se produce algo parecido a un milagro. En el interior del exiguo santuario un paso de misterio encuentra el espacio para girar y colocarse frente a la puerta lateral y en un alarde de sus costaleros traspasa el umbral de la puerta prácticamente rozando los laterales y el dintel, mientras suena de fondo la marcha Ntro. Padre Jesus del maestro Cebrián.
La larga espera va llegando a su fin. Ya se puede apreciar a la Policía Local de gala preparada para acompañar a su patrona, la Virgen de las Lágrimas. Una salida única que enmudece a la multitud de devotos que abarrotan los aledaños de la Plaza Alta. Suena el Himno Nacional y el Rosario comienza su particular sueño de Lunes Santo.
Un sueño que se inició en el año 2019 y que, por circunstancias de la pandemia, no pudo estrenarse hasta la Semana Santa del 2022. A pesar de ello, la simbiosis entre palio y banda quedó patente desde la primera chicotá, pareciendo que llevaran décadas acompañándola.
Sin duda, una Hermandad grande no solo por la calidad artística de sus sagrados titulares y tallas, sino por la calidad humana que irradian.
Pronto llegará un nuevo Lunes Santo y la Virgen de las Lágrimas, abrirá sus manos para recibir a su Banda del Rosario, llevándola con sus sones y tras su palio blanco de pureza, a inmortalizar momentos tan únicos como su inmensa petalá, su tramo por carrera oficial o su paso por calles estrechas de puro aroma cofrade, de olor a cera e incienso y de fervor y devoción de los algecireños.